Desde hace varios años, en muchos países se viene celebrando el 25 de octubre, el Día Mundial de las Personas con… 

Pongo puntos suspensivos porque ya no sé qué término utilizar, enanismo, talla baja, de pequeña estatura, gente pequeña, displasias óseas o ADEE (Acondroplasia y otras Displasias Esqueléticas con Enanismo).  Y es que estos términos son utilizados de manera individual o colectiva para hacer referencia a nuestra condición y cada vez más se complican al tratar de encontrar la perfección. 

Para cada persona y para cada grupo, ya sea étnico o asociaciones, los términos pueden ser correctos o incorrectos, aceptados o inaceptable. 

Y yo me pregunto, ¿en qué momento comenzamos a diversificar lo que somos?  Pues, es sencillo de contestar, todo surge como consecuencia de las organizaciones que agrupan a las personas con nuestra condición.  Y no quiero decir que estos grupos tienen la culpa, lo que digo es que previo a la existencia de ellos, no había opciones. 

Cada persona de acuerdo a su cultura tenía su propio término y dentro de su sociedad era utilizado sin problema.  Pero una vez nos comenzamos a organizar con el fin de lograr ciertos derechos, empezamos a ver las diferencias que tenemos, aun hablando el mismo idioma.  En mi país, Puerto Rico, siempre se ha utilizado el término persona con enanismo porque es el término que agrupa los diferentes diagnósticos que están contemplados en él y quizás también tenga que ver con la herencia que recibimos de la cultura anglosajona.  Sin embargo, en otros países de Latinoamérica encontramos que el término preferido es el de talla baja.  Este término en Puerto Rico no ha sido utilizado para referirse a nosotros porque la palabra “talla” la relacionamos más al tamaño de ropa. 

Es completamente obvio que dentro de la lengua española existen diferencias en los significados de un término, no solo porque en algunos casos hay palabras que pueden ser consideradas “malas palabras” en algún país, mientras en otro, el significado es totalmente inofensivo. 

La realidad es que la palabra “enano” y sus derivados han existido desde siempre en nuestro idioma y no será sencillo que se logre eliminar.  En el 2012 la Real Academia Española rechazó la petición de eliminar una palabra del diccionario, que para un grupo étnico era ofensiva, “simplemente porque las palabras que se añaden al diccionario ya no se quitan mientras la gente las siga pronunciando.  La institución se considera a sí misma “un mero notario de la lengua”. No promueve, ni legitima, ni desaconseja el uso de una palabra. Sólo lo recoge”. 

El término “enano” ha llegado a ser rechazado por muchos de nosotros por la connotación y uso despectivo e insultante que ha tenido a través del tiempo.  Pienso que lo mismo llegará a pasar con cualquier otro término que finalmente se establezca como el correcto.  Si la palabra “enano” no hubiese existido y en su lugar hubiéramos tenido, por ejemplo:  talla baja, ¿hubiera sucedido lo mismo?  Pienso que si porque el mal uso de las palabras proviene del ser humano.  La palabra “enano” se ha utilizado inclusive para insultar a otros.  Un ejemplo de esto es cuando para referirse a alguien que no muestra mucha inteligencia le dicen: “enano mental”.  Creo que lo mismo ocurriría con cualquier otro término, porque recalco que es una consecuencia del ser humano.  Las burlas y risas que acompañan a una palabra, no importando cual esta sea es lo que causa dolor en nosotros, no es la palabra en sí misma. 

Por lo tanto, estoy convencida de que es responsabilidad de nosotros los que tenemos la condición y nuestras respectivas asociaciones, el educar, educar y continuar educando a la sociedad para sensibilizarla y que se entienda el uso apropiado o inapropiado del término.  Por otro lado, nosotros debemos empezar a aceptar y acoger el término con orgullo.  Al aceptar nuestra condición por su nombre estamos demostrando que nos sentimos a gusto con nuestro cuerpo y que más allá de lo que otros puedan percibir por nuestra apariencia, nosotros vivimos felices tal y como somos.  Me parece hasta cierto punto contradictorio promulgar que aceptamos nuestra condición, pero, por otro lado, pretendemos cambiarle el nombre.   

Si pensamos objetivamente en la diferencia que tendría el que nos digan de una u otra manera, no encontraremos ninguna, porque a la larga no importa el término, sino la forma en que se utilice.  Si queremos cambiar la manera en que el mundo nos ve, debemos comenzar por vernos tal cual somos a nosotros mismos.  Peggy O’Neill oradora motivacional y persona de baja estatura escribió que, un momento decisivo en su vida fue cuando entendió que no podía cambiar su estatura, pero lo que si podía cambiar eran sus pensamientos y su actitud.