Vida en 43"

Comparto mi historia, vivencias y anécdotas viviendo en 43"

Mi Cuento de Hadas — abril 14, 2019

Mi Cuento de Hadas

¿Alguna vez te has sentido como la princesa de un cuento de hadas? Como en las películas de Disney en donde el príncipe azul siempre aparece en el momento preciso en el que la princesa está en peligro…  Pues yo lo viví una vez, pero lo había olvidado y no sé porque razón en días pasados el recuerdo volvió a mi mente y les confieso que hasta me reí sola.

Mientras estudiaba en la universidad tenía que usar transportación pública para llegar a mi casa y viceversa.  La parada del transporte público quedaba a una cuadra de la universidad y por lo general viajaba con otras dos chicas que vivían en el mismo pueblo. Una tarde al terminar las clases nos dirigíamos a la parada y de repente al otro lado de la avenida vemos como un grupo de estudiantes de una escuela superior que quedaba cerca comenzaron a gritar y a arremolinase.  Se estaba generando una pelea entre dos muchachos en plena acera.  Mis amigas y yo estuvimos atentas a la situación mientras esperábamos en nuestra parada y pudimos identificar que uno de los jóvenes que peleaba era un compañero nuestro de la universidad llamado John Henry y nos extrañó muchísimo, ya que era un joven sumamente callado y tranquilo.  La pelea no duró mucho y cuando llegaron otros de nuestros compañeros hasta donde estábamos nosotras preguntamos qué había pasado, pero nadie estaba claro.  En eso llegó nuestra guagua y nos fuimos.

Al otro día cuando llegué a la universidad una de mis amigas vino apresurada a contarme sobre lo sucedido el día anterior.  Pues resulta que mientras John Henry esperaba en su parada uno de los jóvenes de la escuela superior al verme hizo un comentario ofensivo sobre mí y nuestro compañero salió a defenderme, discutieron y se fueron a las manos.  ¡Yo quedé muy sorprendida, no lo podía creer… un joven al que yo apenas conocía se había involucrado en una pelea por mí! Fue una doble sorpresa, primero porque yo apenas conocía a John Henry, habíamos coincidido en un par de clases, pero no éramos amigos.  Y la otra porque era la primera vez que un particular hacía algo así por mí.  En ese momento fue que me sentí como la princesa del cuento cuando está a punto de ser rescatada por el príncipe azul.

Demás esta decirles que lo único que deseaba era encontrarme con John Henry para hablar con el y tan pronto lo vi fui donde el para agradecerle por su intervención.  Nunca supe cuáles fueron los detalles de lo que ocurrió, pues él no me contó y yo tampoco le pregunté para que no se sintiera mal en caso de que la razón que dio pie a la pelea fuera algo incómodo para el de repetir.

De todas formas, siempre le estaré agradecida por defenderme y hacerme sentir como la Princesa de mi propio cuento de hadas.

Hervé — marzo 31, 2019

Hervé

Si les pregunto quién fue Hervé Villechaize quizás no puedan contestar, pero seguramente si recuerdan a Tattoo o la inmortal frase “El avión, el avión”, del famoso programa de televisión “La isla de la fantasía”.  Hervé nació con enanismo y fue el actor que le dio vida al personaje de Tattoo.  Pero su vida no fue siempre glamorosa, de hecho, tenía tantos problemas que terminó suicidándose.untitled[1].png

Hace un tiempo atrás me enteré que la cadena HBO estaba filmando una película sobre su vida y desde ese momento supe que quería verla y ayer por fin lo logré.  El título de la película es “Mi cena con Hervé” y es protagonizada por Peter Dinklage, quien se ha convertido en un famoso actor por su participación en la serie “Juego de Tronos”.  La razón por la que me interesaba ver la película era no solo el que quería conocer las razones que llevaron a Hervé al suicidio, sino que me pareció increíble que alguien se interesara por realizar una película sobre la vida de una persona con enanismo.

Cuando esta serie comenzó yo tenía 16 años y recuerdo que en mi casa nunca fuimos fanáticos de ella.  No recuerdo si fue porque el horario coincidía con otra cosa para ver o hacer, quizás mis padres evitaron el que yo la viera, o quizás yo misma lo evité.  Pero la realidad es que en mi casa no fue como con otros programas de televisión, del que no nos perdíamos un episodio.  Lo que si recuerdo muy bien es escuchar la frase que inmortalizó Tattoo “El avión, el avión” constantemente inclusive entre miembros de mi familia.  Y ahora que lo pienso cuando la escuchaba no me gustaba porque, aunque las veces que la usaban estaba justificada su utilización por algo que hubiera sucedido, pero a esa edad no me parecía correcto que la dijeran por temor a que se vinculara conmigo.

El paso del tiempo y la madurez me ha ensenado a ignorar la mayoría de las cosas que no me gustan que se dicen de nosotros, pero al ver la película pude identificarme y entender un poco las situaciones por las que él tuvo que pasar.  Su papá era médico y buscó maneras de ayudarlo a través de la medicina, pero quizás no lo ayudó en otros aspectos, su mamá asumió una actitud de negación y no aceptación y pensaba como hoy día todavía piensa mucha gente que tienen conceptos erróneos de las razones por las que nacemos con esta condición.  El propio Hervé creyó que Dios lo tenia que recompensar en algún momento por haberle traído a la vida con enanismo.  Yo he tenido que escuchar personas comentar que esperan Dios no los castigue teniendo un hijo como yo.  Por eso les digo que hasta cierto punto puedo ver un leve reflejo de lo que se puede vivir cuando se es diferente a lo que establece la norma.

Durante toda su vida Hervé solo buscó destacarse, quizás para que los demás lo aceptaran por lo que era y no por como era, pero en esa búsqueda tomo el camino equivocado llegando a los extremos.  El no tener gente alrededor que lo ayudara y lo apoyara correctamente a mi entender fue clave en el desarrollo de su vida.  Hubo gente a su alrededor que se acercaron para tomar ventaja, como lo fue una de sus esposas, que realmente no lo amaba.  Yo, por el contrario, soy muy selectiva a la hora de permitir a otros acercarse a mí, si detecto que solo lo hacen para llamar la atención porque están con una persona pequeña, me alejo y pongo una barrera porque no necesito personas que me desvíen en la vida.  Y no me refiero necesariamente al plano del amor, porque me ha pasado con personas en otro tipo de relaciones.

Como les decía, la búsqueda incansable de este hombre lo llevó a los extremos, todos negativos, drogas, alcohol, mujeres y lo peor de todo, llevó su ego a un punto que lo hizo perder lo que con esfuerzo ganó.  Para muchas personas con enanismo es difícil que lo tomen en serio en el mundo del espectáculo, por lo que lograr escalar y llegar a la fama debió de haber sido muy duro mas aun en aquella época.  De hecho, el periodista que fue enviado a hacerle la entrevista que da pie a la película, fue enviado por su periódico para que le hiciera una entrevista corta y graciosa.

Lo que a mí me pareció interesante de toda la historia es ver como Hervé sin saberlo logra salvar al periodista de no cometer sus mismos errores y el periodista a su vez logra hacer que Hervé se abra con él y le cuente sinceramente cosas de su vida.  Pero más interesante aun es que la recompensa que el esperaba de Dios fue presentarle esa última oportunidad de hacer algo tan bueno como salvar la vida de otro ser humano.

¿Lo habrá entendido Hervé…?

Aprendamos a Respetarnos — marzo 23, 2019

Aprendamos a Respetarnos

Hoy en día los más adultos nos quejamos mucho de nuestros jóvenes y niños porque estos no tienen los mismos valores que nosotros sobre todo porque el respeto se ha perdido.  Todos en un momento u otro hemos juzgado y me atrevería apostar a que muchos no nos detenemos a analizar la razón de este cambio, pero si lo hacemos veremos que no todo es culpa de ellos.  Estoy convencida de que lo que vemos en estos días es solo un reflejo de lo que hemos perdido en la evolución de la sociedad.  En mi época los padres tenían el poder absoluto de educar a sus hijos, pero con el pasar del tiempo se fue perdiendo.  Los estudios del comportamiento humano comenzaron a sugerir otras formas de educar hasta que llegó el momento en que el gobierno crea agencias dirigidas a velar por el bienestar de la familia.  Es en este punto es que, a mi entender, comienza esta campaña de crearles miedo a los adultos de educar en los valores y el poder es transferido a los niños.  ¿Y, por qué digo esto?  Pues porque sé de casos en los que los niños hasta amenazan a los padres con llamar a las agencias gubernamentales para acusarlos de maltrato cuando lo que los padres intentan hacer es educar.

Recientemente leí en el blog “Desde mi escoba”, que escribe una amiga, sobre una experiencia vivida por ella en un estacionamiento.  Vio como una persona en silla de ruedas pasó trabajo para bajar la rampa porque había varios carritos de compra bloqueando la puerta de su guagua.  Yo también he presenciado situaciones como esa. Cuando se implementaron los permisos para estacionamientos de impedidos aquí en mi país, se le asignaba una tablilla o placa especial al carro de la persona, de esa manera se identificaban y a la vez servía de permiso para la utilización de los estacionamientos de impedidos.  Pues bien, en una ocasión vi estacionado en un espacio para impedidos el carro que portaba una tablilla de Senador.  ¡Increíble!, ¿¿¿verdad???  En varias ocasiones he visto carros estacionados en los espacios designados para impedidos que no tienen la debida identificación.  Y ustedes me dirán, quizás se le olvidó ponerla… es posible, pero, ¿y qué me dicen de los que se estacionan y se quedan sentaditos dentro del carro esperando por alguien y tampoco ponen la identificación?  Esto no es más que una falta de respeto.  No solo hacia las personas con impedimentos sino hacia las autoridades de ley y orden.

Pero existen otras faltas de respeto que no tienen nada que ver con la población impedida.  Por ejemplo, hace varios años estaba de viaje con mi hija.  Para nosotras es mucho más conveniente comprar excursiones en circuitos, pues nos facilita el acarreo de maletas y la transportación ya que estas cosas pueden ser casi una pesadilla cuando solo mides 43” y no tienes la fuerza para cargar objetos pesados.  Pues bien, una mañana teníamos que salir muy temprano para movernos de una ciudad a otra y el restaurante donde nos servirían el desayuno se atrasó en abrir.  Cuando pudimos entrar, cada persona o grupo separamos nuestro lugar para comer colocando nuestras carteras o abrigos en la silla, mientras íbamos a servirnos del “buffet” a toda prisa.  Al regresar a la mesa y para sorpresa nuestra, otras personas estaban utilizando nuestras sillas, habían empujado nuestras cosas contra el espaldar y sentándose en la orilla del asiento, comían felizmente.  Estas personas nos faltaron el respeto descaradamente y ni siquiera tuvieron la delicadeza de disculparse con nosotras.  Demás está decirles que, por el resto del viaje no se atrevían ni a mirarnos.

Tristemente las faltas de respeto las vemos a diario cuando abrimos una puerta y no la aguantamos para el que se acerca, cuando conducimos y le queremos pasar el carro por encima a los demás y además de eso gritamos groserías, cuando nos colamos en una fila, cuando maltratamos a otros verbal o físicamente, cuando vemos a un niño desobedecer a un adulto y peor aun cuando vemos a un adulto dando malos ejemplos a los niños.

Recuerdo que cuando yo era niña, mis padres solo tenían que mirarnos de cierta forma, no había necesidad de que nos dijeran nada, para que mi hermana y yo entendiéramos que estábamos haciendo algo indebido y automáticamente cambiábamos nuestra conducta.  En esa época existía respeto y nuestros mayores nos educaban para que siguiéramos sus enseñanzas.  Si bien es cierto que nos castigaban cuando era necesario, no llegaban al maltrato como ocurre tanto ahora.  En mi casa nos sentaban por algunos minutos sin acceso a juguetes, televisión o cualquier otra cosa que nos distrajera.  Si consideraban necesario pegarnos, nunca nos dejaron marcas por lo fuerte del cantazo.  Si subían el tono de voz para regañarnos nunca hubo malas palabras incluidas.  Hoy en día he escuchado a madres o padres regañar a sus hijos utilizando palabras que aun para un adulto son fuertes.

Hace unos meses mi hija se encontraba trabajando y una niña al verla hizo comentarios sobre su estatura y sus padres regresaron con la niña a donde mi hija para que le pidiera excusas y no solo eso, le exigieron que la abrazara como parte de su petición de perdón. La conducta de esos padres me hace pensar que no todo está perdido.  Es nuestra responsabilidad inculcar a los menores el respeto hacia todas las personas sin importar quién o como sea, el respeto por la ley y por las instituciones que rigen nuestra sociedad. Solo de esa forma lograremos que los seres humanos podamos convivir en armonía.

Bingo! — febrero 23, 2019

Bingo!

Hace unos días viví una experiencia que me hizo reír, recordar situaciones de mi niñez, pero también reflexionar sobre las conductas del ser humano.

Resulta que desde hace varios meses mi amiga y yo vamos los jueves a un centro de la comunidad a jugar bingo.  Por lo regular se reúne un grupo de personas a las que no conocemos bien.  Así que siempre tenemos la misma rutina, al llegar nos registramos, pagamos, escogemos nuestros cartones y buscamos donde sentarnos para jugar.

Este centro está muy bien organizado y tiene un comité de voluntarios que trabajan semanalmente en la organización de la actividad.  El registro consiste de confirmar la asistencia en una lista y darle nuestros nombres a la señora que está en la entrada. Luego de dos o tres veces de haber ido a jugar la señora se aprendió mi nombre, pero no así el de mi amiga quien siempre tiene que decírselo.  Otras personas del comité por diferentes pequeñas razones en las que hemos interactuado también ya saben mi nombre.

El pasado jueves llegamos a nuestro espacio de relajación semanal y la señora de la entrada me saluda por mi nombre, pero a mi amiga, como siempre le preguntó cuál era. Mi amiga me mira y entre indignación y broma le dice: “Cómo es posible que usted sepa el nombre de ella y el mío no si siempre venimos juntas”?  Yo me empiezo a reír y la señora se le queda mirando, como buscando en su mente cuál era el nombre para contentarla hasta que mi amiga se lo dice riéndose.  Entonces la señora, me imagino que tratando de que mi amiga no se sintiera mal contesta: “Recuerdo el nombre de Brenda, porque es pequeña”.

Nos sentamos a esperar que comenzara el bingo y al cabo de unos minutos se acerca otra de las señoras que juega bingo y me saluda solo a mi dándome un beso.  Se imaginan, después que mi amiga estaba calmada, vuelve a suceder, ¡y yo no paraba de reírme!

Al rato me paro para buscar agua y en el camino me encuentro con dos de los varones que trabajan en el comité de organización.  Al pasar por el lado de ellos los saludo y uno de ellos me contesta: “Hola Barbara”.  Y como saben que soy traviesa, rápido pensé que mi amiga estaba cerca y debía de estar viendo, así que por molestarla a ella decido corregir al señor y le aclaro que mi nombre es Brenda.  Sabía que él lo iba a corregir en alta voz (tenia razón, con el tono más alto me pidió disculpas por su error y dijo mi nombre correctamente), una vez me reí.  Al regresar a mi silla le comento a mi amiga que lo había hecho a propósito para molestarla a ella y entonces me cuenta que el otro señor, quien siempre va mesa por mesa saludando a todo el mundo, esta vez no se detuvo a saludarla a ella.

Esta situación me llevó a recordar que cuando mi hermana menor y yo éramos niñas mi mamá se vio en la obligación de interceder con amigos y familiares para evitar quizás futuros problemas.  Pues resulta que todo el mundo le pedía a mami que me permitiera participar en cuanta actividad se presentara.  Por lo que fui florista, paje de anillos y dama en bodas de gente que ni me acuerdo.  También desfilé en coronaciones y quinceañeros siendo aún muy niña para eso, todo por mi tamaño.

Llegó el momento en que mami se comenzó a preocupar porque a mi hermanita no la pedían para participar en ese tipo de actividades, y temía que con el tiempo ella se diera cuenta y se sintiera mal y hasta le pudiera afectar pensando que había preferencia por mí, algo que nunca vivimos en casa porque siempre hubo un trato igual para ambas, los mismos premios y los mismos castigos cuando era necesario.

En ocasiones el ser humano sin quererlo tiene conductas que no necesariamente son las mejores y pueden afectar a otros.  El pasado jueves luego de todos esos incidentes con mi amiga le comenté que en muchas ocasiones yo preferiría que la gente me recordara como a cualquier otra persona.  Tener la “privacidad” (si lo podemos llamar así) que tienen los demás.  No me mal entiendan, yo aprecio el cariño, respeto y aceptación de la gente, pero sería mucho más gratificante si fuera por quien soy, no por como soy.

No Soy Graciosa — febrero 9, 2019

No Soy Graciosa

Salir a la calle sin que la gente se nos quede mirando, se ría, comenten, nos señalen y hasta se burlen, ocurriría solo en un sueño.  Y creo que, si me llegara a suceder en realidad, se sentiría bien extraño.

Estas conductas de la gente son aceptadas o manejadas de diferentes maneras por las personas de pequeña estatura.  Algunos no toleran el que la gente se les quede mirando y mucho menos el que se rían de su condición y podrían reaccionar de forma negativa. Otros logran ignoran las conductas inapropiadas de la gente.

¡Algunas personas pueden llegar a ser tan curiosas que se van a los extremos!  En una ocasión cuando yo era adolescente iba caminando con mi mama y una señora que no conocíamos nos detuvo solo para preguntarle si yo había tenido ya mi periodo.  Son preguntas que te toman por sorpresa y te dejan sin palabras para contestarlas como se merecen.  Estoy segura que si se le hubiera contestado que era algo que a ella no le importaba, nos hubiese catalogado como malcriadas.  Pero dígame usted, ¿no era lo que merecía?

Mi hija trabajó de cajera en una tienda y para alcanzar la caja registradora utilizaba un banquito, pero el mostrador la cubría de la cintura para abajo.  Un día una cliente quería que ella saliera del mostrador para ver como era ella.  A esta señora no le importó el que su pedido atrasaría a los que estaban detrás de ella en la fila y que estaba interrumpiendo el trabajo de una empleada que tiene la responsabilidad de realizar su trabajo según las reglas de la compañía para la que trabajaba y dejar su puesto de trabajo no era lo correcto.

En estos días estuve viendo una entrevista de una amiga que también es pequeña y trabaja fuertemente abogando por los derechos de las personas discapacitadas, en la que ella contaba la reacción de su hija de tres años que es de tamaño promedio.  Ellas se encontraban comiendo y una señora se acercó con sus hijos para educar a los niños sobre la condición y las diferencias en las personas.  Cuando le pidió permiso para interrumpirlas, la niña le contestó que no era un buen momento, pues estaban comiendo.  Imagínense la cara de la señora al recibir esta contestación viniendo de una niña.  No fue grosera, pero si muy sincera.

La realidad es que muchos de nosotros estamos abiertos a educar sobre nuestra condición, pero señores, hay momento para todo.

Hace unos años atrás participé en un programa de televisión para promocionar el capítulo de LPA en mi país.  Unos días después fui a comer con unas personas y al terminar fui al baño del lugar y mientras hacía lo que fui a hacer, una mujer me tocó en la puerta del cubículo donde yo estaba para decirme que me había visto en el programa y siguió haciendo comentarios que no venían al caso.  Me pregunto ¿no podía esperar a que yo terminara y saliera del cubículo para hablarme? Me reitero, hay momento y hasta lugar para todo.

Al entrar en cualquier lugar, los ojos de la mayoría de las personas se vuelven hacia nosotros y siempre está el que de inmediato cae en cuenta de que no debe quedarse mirando, pero también existen los que persisten en mirar insistentemente y créanme que no es una situación agradable.

La mayoría de las veces cuando paso por situaciones como estas las ignoro, pero eso no significa que no me duela o me moleste.  Como cualquier otra persona tengo días mejores que otros y lo que hoy puedo tolerar quizás mañana no sea igual.  Y los que me conocen saben que en la mayoría de los casos ignoro o hasta lo tomo a broma.

En una ocasión hablaba con una persona sobre estas situaciones y en su opinión la gente reaccionaba así al verme porque yo era graciosa.  ¿Pues saben qué?, yo no quiero ser graciosa.  Solo quiero que los demás me vean, me traten y me respeten como a cualquier otra persona.  Tampoco quiero que sientan pena por mí, pues soy feliz como soy y me atrevería a decir que mi sentir es el de muchos otros con la condición y que pasan por las mismas situaciones.

¿Por qué las personas nos ven de diferente manera?  ¿Solo porque tenemos una altura más baja?  Si el resto de nuestro cuerpo y nuestras capacidades intelectuales son como las de ellos.  De verdad quisiera entenderlo, pero se me hace difícil.  ¿Y saben por qué? Porque al fin y a la postre, yo solo soy un ser humano igual que tú.

Mi inseparable amigo — enero 19, 2019

Mi inseparable amigo

Muchas de las personas que tenemos algún tipo de enanismo tenemos otras condiciones médicas asociadas. Algunas pueden ser de tipo ortopédico, visión, corazón, etc. y la utilización de equipos médicos ya sea desde joven o al pasar de los años, es muy común para nosotros.

En mi caso he desarrollado problemas en la columna vertebral, rodilla, pies y artritis. Además, nací con una condición en las caderas llamada Coxa Vara. Para que tengan una idea gráfica les explico: el fémur es el hueso que encaja en la cavidad de la cadera y permite el que las piernas se muevan. En mi caso la parte superior del fémur se desarrolló de forma ovalada en lugar de ser redondo y eso ocasiona que ocurra roce en la cavidad de la cadera que es redonda. Según pasa el tiempo el roce de los huesos causa inflamación y esto provoca dolor.

Cuando era joven si caminaba largas distancias sentía un poco de molestia, pero según fueron pasando los años esa molestia comenzó a agudizarse. Ya para mis 30 y tantos años visité un médico Ortopeda y este me recomendó el uso de un bastón, a lo cual me negué (por vanidosa). Sentía que hacerlo me haría ver de mayor edad. Pero el tiempo siguió pasando y los dolores empeorando. La molestia ya no era solo al caminar distancias largas, también me molestaba al sentarme, al hacer algunos movimientos como lo era el bailar (que tanto siempre me ha gustado) y llegó el momento en que ni acostada sentía alivio. Hubo noches en las que pasaban horas antes de que consiguiera una posición cómoda para dormir.

Una mañana salí para el trabajo y al subirme a mi carro hice un movimiento con mi pierna izquierda que me provocó un dolor intenso, esperé unos minutos, me acomodé como pude y me fui. Al llegar al estacionamiento de mi trabajo no podía moverme del dolor que sentía. Traté varias veces hasta que pude bajar del carro, pero apenas podía caminar y tuve que llamar a mi compañera de trabajo para que me ayudara a llevar mi computadora portátil y de esa manera yo caminar poco a poco hasta mi escritorio. Ese día fue terrible, recuerdo que caminaba lentamente y agarrándome de las paredes. De ahí en adelante mis molestias fueron diarias 24/7, y por recomendación médica acepté asistencia. Les confieso que al principio no me gustó la idea, pero lo más que deseaba era poder caminar con menos molestia así que acepté mi nuevo e inseparable amigo, un andador. Cuando me lo entregaron me preguntaba ¿cómo un objeto al que debía yo empujar iba a ayudarme a caminar sin sentir tanta molestia? Pues inmediatamente comencé a utilizarlo pude notar la ayuda que era para mí y solo pensaba en lo que me había perdido hasta ese momento.

Pasaron varios años más y aunque no salía sin mi amigo el andador, la condición seguía avanzando hasta que llegó el momento de buscar otras opciones. Así que busque referencias y visité un Cirujano Ortopeda en Estados Unidos con experiencia en casos como el mío y tome la decisión de someterme a un reemplazo de caderas. Ambas caderas necesitaban cirugía y el médico me explicó que podía hacerme cirugías por separado o hacer ambas a la vez. Y como dice el refrán, trago amargo se pasa rápido, ¡opté por operarme las dos de una vez!

Me hicieron el primer reemplazo de mi cadera derecha un lunes y al día siguiente tempranito en la mañana llegó la terapista para ponerme a caminar. Los primeros pasos fueron raros, sentí como si la pierna de la cadera recién operada estuviera pendiendo de un hilo. Pero no había espacio para el miedo y puse todo mi empeño para seguir adelante y gracias a Dios todo fluyo bien. El miércoles me volvieron a llevar a sala para hacerme el reemplazo de la cadera izquierda y el jueves volvió la terapista para ponerme a caminar otra vez. Esta vez lo que me preocupaba era sentir la sensación de tener ambas piernas pendiendo de un hilo y como yo podría caminar con esa sensación, pero no fue así. Por el contrario, no fue tan difícil como yo pensé y eso me dio mucho alivio. La asistencia que recibí durante los días que estuve en el hospital por parte de las enfermeras, terapistas y doctores fue de excelencia y pieza clave para una buena recuperación.

Luego de una semana regresé a mi casa para continuar mi recuperación. Las noches eran más difíciles que los días pues tenía que dormir boca arriba. Si me quería mover, sentar o levantarme para ir al baño, necesitaba ayuda. Luego de dormir un par de horas boca arriba me daba dolor de espalda y me tenía que sentar. Una amiga me prestó un sillón reclinable que ubiqué en otro cuarto de mi apartamento y así, comenzaba durmiendo en la cama y de madrugada me iba al sillón. También hubo noches enteras que dormí en el sillón. No me quejo, ver el amanecer y escuchar el coro de una iglesia cercana entonar himnos de Navidad son algunos de los bonitos recuerdos que guardo de esos días en el sillón.

Hoy en día no puedo decir que estoy perfectamente bien, pues como les mencioné al principio muchos de los que tenemos algún tipo de enanismo tenemos otras condiciones asociadas que no se arreglan con mas cirugías, pero al menos y gracias a la decisión que tomé de someterme a estas cirugías el dolor al caminar disminuyó y mejoré mi calidad de vida.

La recuperación de estas cirugías duró varios meses en los que conté con varios angelitos que me dieron todo su apoyo como lo fueron mi hija, mis padres, mi hermana y en especial mi amiga Maribel, a quien siempre le estaré mas que agradecida por todos sus cuidados!

Me rio — enero 12, 2019

Me rio

Siempre he vivido una vida feliz y mi niñez fue una muy bonita y alegre.  Tanto mi familia materna como la paterna eran alegres, aunque de manera diferente.  En la familia de mami son más tímidos, pero les gustaba que nos reuniéramos para celebrar los días festivos y organizaban muchas salidas para visitar lugares de interés en la isla. Por el lado de papi son extrovertidos, todo es algarabía, relajo, chistes y música.  Varios de mis primos son pleneros.  Así, que cuando nos reunimos la música de bomba y plena no pueden faltar.

Esa alegría de mi familia la llevo en la sangre y eso me ayudó a ver la vida de manera muchas veces jocosa.  Por eso soy la primera que me rio de muchas de las situaciones que me ocurren debido a mi estatura.

Por ejemplo, un día estaba de viaje y no me sentía bien, así que decidí quedarme sentada en una plaza mientras mis amigas tomaban una excursión del área.  Al cabo de un rato decidí caminar un poco para calentar el cuerpo.  Mientras camino disfrutando del paisaje observo a un joven que se sale del grupo donde estaba que parecía una excursión de estudiantes y camina hacia mí.  El chico muy educado me dice: “Permiso, estás sola, ¿dónde están tus padres?” Jaja, pensó que yo era una niña perdida y rápidamente, no fuera a ser que me agarrara para llevarme a buscar a mis padres, le contesté que yo era una persona adulta.  Su cara valía un millón cuando se dio cuenta de su error.  Yo, por si acaso era una broma, seguí caminando sin volver a mirarlo y riéndome.

afro

Se imaginan ustedes ir al cine y escoger el mejor asiento para ver la película y que de repente llegue esta mujer con el pelo estilo afro y se siente justamente frente a ti!!!  Es terrible, pero no hay más remedio que reírse y buscar otro asiento.

En una ocasión estaban montando el árbol de Navidad en mi trabajo.  Yo pasé por el área cuando ya les faltaba poco con la decoración y les dije: “Cuando vayan a poner el adorno en la copa del árbol me avisan para ayudarlas”.  Ya se imaginarán como todos se rieron de mi comentario.

El hecho de que yo tenga un buen sentido del humor no quiere decir que todo va a ser gracioso y que voy a permitir que se burlen o me falten el respeto.  Dependiendo de quién, cuándo, cómo y por qué alguien haga una broma sobre mi condición será mi reacción.  Por eso cuando hace poco fui a un supermercado y le pedí ayuda a un empleado para que me alcanzara un artículo, me dio mucho coraje cuando estiró su brazo para cogerlo y me dijo: “Yo tampoco alcanzo”.  Me pareció que lejos de ser una broma de mal gusto, fue una falta de respeto.  Esa persona no me conoce para haberse tomado la atribución de hacer un comentario como ese.  Por el contrario, debió demostrar empatía y ayudarme.
Existen muchos chistes sobre personas con enanismo y dependiendo el contenido del chiste yo me rio y hasta repito el chiste, porque después de todo, se hacen chistes de todo el mundo sin importar como sea la persona.  Pero para mi es importante el que no se ofenda o se burle de la situación.  Hay que reconocer que en ocasiones es una línea muy fina y pasamos de lo gracioso a la ofensa.  Por eso debemos de ser comedidos y evaluar si nuestro comentario puede hacer sentir mal o incómodo a otros.
Los dejo con esta frase que leí en una ocasión y que me encantó:

Ríete conmigo y no de mí

¿Será Deporte? — diciembre 1, 2018

¿Será Deporte?

Para algunos de ustedes quizás no sea nuevo el tema que hoy les traigo, para otros quizás sí, pero de lo que estoy segura es que la mayoría coinciden o van a coincidir con mi forma de pensar.  Se trata de un “deporte” que se viene practicando en varios países desde hace varios años, y le llaman “Dwarf Tossing” en español, Lanzando al Enano (y perdonen los que se sientan ofendidos por la palabra “E”, pero solo estoy traduciendo el término).

Les explico, que el supuesto deporte se practica principalmente en bares en los que los clientes compiten para ver quien lanza más lejos a una persona de pequeña estatura.  Si, como lo está leyendo, el competidor levanta en peso a la persona pequeña y lo tira a distancia, proclamándose campeón el que logre tirarlo más lejos.  La persona que es lanzada debe de llevar puesto un casco protector y deberá caer en un colchón.  Los que hayan visto la película que protagonizó Leonardo DiCaprio, “The Wolf of Wall Street” ya saben de lo que les hablo, pues hay una escena donde se lleva a cabo una competencia de este tipo.

Desde que se inició esta práctica han sido muchas las protestas por parte de nuestra comunidad de gente de pequeña estatura quienes no estamos de acuerdo con esto.  Las razones para no avalar este “deporte” son varias, principalmente porque entendemos que atenta con nuestra dignidad como seres humanos.  Ningún ser viviente sobre la faz de la tierra debe ser utilizado como si fuera un objeto y mucho menos ser tratado como si fuera una pelota para divertir o medir la fuerza de otros.  Todo ser humano debe ser respetado sin importar su físico.

Otra razón por la que muchos nos oponemos es por el peligro que representan los golpes que recibe la persona que es lanzada a distancia.  Las personas con algún tipo de enanismo tenemos una anatomía diferente a las personas de estatura promedio.  Muchos presentamos problemas con nuestros huesos, limitaciones físicas y otras condiciones que en ocasiones pueden ser severamente incapacitantes.  Hay casos en los que las personas tienen el cordón espinal comprimido y un movimiento brusco podría causar hasta parálisis. Por otro lado, cuando el competidor levanta en el aire a la otra persona, dependiendo el tamaño del competidor, la persona volará por el aire a varios pies de altura, por lo que el impacto al caer será extremo.

Evitar la muerte de una persona definitivamente creo que es lo primordial para todos, pero lamentablemente ya existen casos en los que personas han perdido su vida por haber participado de este “deporte”, y definitivamente es algo que no debería ocurrir otra vez.

En años pasados nuestra comunidad ha logrado alzar la voz y llevar un mensaje de oposición a esta práctica ante algunos representantes gubernamentales y como consecuencia en algunos estados actualmente se prohíbe el que se lleven a cabo.  Pero lamentablemente en días recientes nos enfrentamos nuevamente al peligro de que la práctica pueda ser permitida.  Esto porque el presidente Donal Trump recién acaba de nombrar a la Sra. Naomi Rao para ocupar un puesto en la Corte de Apelaciones.  Y se preguntarán ¿por qué esto representa un peligro?, pues porque en el pasado la Sra. Rao se ha expresado a favor de anular la prohibición del “Dwarf Tossing”.

Su postulado se basa en el derecho que tenemos los seres humanos para decidir de que forma nos ganamos la vida si las partes involucradas llegan a un acuerdo.  En una ocasión la Sra. Rao expresó su preocupación porque ciertas normas puedan reducir la elección individual y de ese modo se reduce así su dignidad.  También escribió que “uno puede estar en desacuerdo con las opciones de otros, pero la dignidad es acerca del derecho a elegir esas opciones en lugar de tener que el gobierno hacerlas por nosotros”.

Aquí se ha mencionado mucho la palabra dignidad, pero ¿entendemos realmente lo que quiere decir? Por lo que busqué su significado y encontré lo siguiente: cualidad del que se hace valer como persona, se comporta con responsabilidad, seriedad y con respeto y no deja que lo humillen ni degraden.

Este significado me llevó a profundizar más en esta situación en particular y si bien es cierto que las personas con enanismo que participan de esta práctica lo hacen libre y voluntariamente reciben remuneración a cambio, en mi opinión también es cierto que no se trata de ejercer un trabajo.  La dignidad tiene que ver con el valor que nos damos a nosotros mismos. ¿Como podemos pretender que otros nos valoren si nosotros no lo hacemos primero?  En la medida en que seamos responsables, serios y nos respetemos, recibiremos lo mismo del prójimo y no podemos permitir que nos humillen o nos hagan sentir menos por nuestra estatura.  Está en nosotros mismos reconocer el valor que tenemos para que los demás también nos lo den.  Si cada uno de nosotros viviera con dignidad, no habría necesidad de involucrar a los gobiernos para que decidieran por nosotros lo que debemos o no debemos hacer con nuestro cuerpo y con nuestras vidas.

El Tío Google — noviembre 24, 2018

El Tío Google

Recientemente una amiga me invitó para que ofreciera una charla en la escuela intermedia donde estudia su hija, esto como parte de la celebración del mes de la educación especial.  Acepté de inmediato su invitación, pues es parte importante del mensaje educativo que llevo y parte de mi misión.  Al preguntarle si tenía algún tema en particular para la charla, me dijo: tu historia de superación.

Eso me puso a pensar en el significado de la palabra y para hablar con propiedad sobre el tema le pregunté al Tío Google. El resultado me puso a pensar más aún:

-Superación: Acción de superar o superarse
-Superar: Hacer una cosa mejor que ocasiones anteriores

Entonces comencé a pensar de qué forma yo me había superado y llegué a la conclusión de que yo no lo he hecho y no creo que sea correcto decir que algún día lo hare.  No se sorprendan, ahora les voy a explicar la razón de mi conclusión.

De acuerdo a la definición, yo no hecho nada de lo cual yo pueda decir que lo hice mejor que antes, me explico, yo sé que para muchos lograr el sobrellevar una condición y vencer algunos obstáculos lo ven como una superación.  Pero en mi opinión lo único que yo he hecho es vivir la vida que me tocó, de la forma en que me tocó y lograr lo mismo que han logrado otras personas con o sin mi condición.  Yo no he hecho nada diferente.

He tenido una vida plena, como muchos de ustedes, me eduqué, trabajé, me casé, me divorcié, tengo una hija y más recientemente me jubilé.  Yo solo he vivido mi vida lo mejor posible dentro de las circunstancias, estudié una sola carrera, trabajé en varios lugares, pero siempre de la misma forma responsable y dando lo mejor de mí.  Me casé una sola vez y por ende me divorcié una sola vez (de hecho, el divorciarte dos o mas veces no te hace hacerlo mejor).  Solo tengo una hija, por lo que en mi rol de madre no puedo decir que hiciera cosas mejores con otros hijos.  Y por último solo me he jubilado una sola vez.  Dicho esto, insisto en decir en que mi historia no es una de superación.

No se si mi pensar sea compartido por alguna otra persona que esté en la misma posición o circunstancias que yo, pero me gusta pensar que soy como cualquier otra persona.  Me gusta ser tratada como a cualquiera otra persona, no me gusta que sientan lastima por mí, prefiero que me den el valor que tenemos todos los seres humanos y deseo sobre todo recibir respeto.

El reto de viajar — noviembre 17, 2018

El reto de viajar

Una de las cosas que me mas disfruto es viajar y he tenido la bendición de haber logrado visitar lugares hermosos e interesantes.  Y aunque no ha sido del todo fácil, he procurado disfrutarlo pese a los dolores físicos que siempre me acompañan, pues, aunque esté de vacaciones, ellos no se quedan en casa.

Luego de que las personas van de vacaciones, solemos escucharlos decir “necesito vacaciones para recuperarme de las vacaciones” y es que el cansancio es grande.  Si esto es así para la mayoría de las personas imagínense como será para las personas que como yo tenemos alguna condición que nos limita nuestras actividades como lo es caminar, subir escalones, etc.  Aparte del esfuerzo físico que puede presentar un viaje, hay otras situaciones que también enfrento.  En mi caso son varias las anécdotas que tengo de los viajes que he realizado.

El primer problema para mi lo es la maleta.  Cargar una maleta no está en mi lista de metas logradas.  Siempre agradeceré a quien quiera haya sido el diseñador de las ruedas que giran 360 grados, pues son mi salvación para no tener que cargar la maleta y tampoco depender de otra persona que la lleve.  Cuando el terreno o piso por donde caminas es una superficie plana es muy fácil, pero mover la maleta en una superficie con adoquines o de otro tipo, la cosa se complica, pues las ruedas se encajan y tengo que ir pendiente al piso para evitar que esto suceda.  Ya en el avión, si llevo una maleta de mano, no alcanzo para subirla a la gaveta encima del asiento.  En definitiva, la maleta y yo no somos una buena combinación.

Los asientos del avión no son cómodos para nadie, pero para mi es extremadamente incomodo porque mis piernas no llegan al piso y al tenerlas colgando por mucho tiempo se me adormecen y se me hinchan los pies.  Como solución, siempre llevo un banquito plegable o un bulto de mano pequeño el que uso para descansar los pies.

Como saben las salidas del aire y la luz individual están localizadas en el techo del avión, por lo que yo no alcanzo y debo de pedir ayuda al que este al lado mío.  Y te estarás preguntando ¿por qué no le pide ayuda a la aeromoza?  Pues sencillo, porque también el botón para llamarla se encuentra localizado en el techo.

En ocasiones me ha sucedido que cuando las aeromozas pasan ofreciendo bebida y/o comida no me ofrecen, ya sea porque no me vieron o porque creen que soy una niña y que la persona al lado mío es el adulto que me acompaña, por lo que acostumbro estar pendiente para evitar que eso suceda.  También me ha pasado que al pasar la aeromoza levanto la mano para pedir algo y no me ven.

La estadía en hoteles tampoco es muy fácil, pues las facilidades no están hechas para las personas de pequeña estatura.  Subir a la cama es misión imposible, pues muchas veces son casi de mi altura, los lavamanos y closets también son altos por lo que si no tengo mi banquito plegable me veo en la obligación de usar alguna silla que haya en la habitación. Y, ¿qué me dicen de las toallas?  ¡¡¡Por lo regular están ubicadas en una tablilla cerca del techo!!!  Si se me olvida maniobrar para bajar una antes de meterme a bañar, la única solución es usar una de las toallas de mano.  Jaja, es mejor que nada.

En una ocasión viajé con algunas amigas y reservamos un apartamento a través de Airbnb.  Cuando entré a la ducha me encontré con la sorpresa de que el piso era terriblemente resbaladizo y para colmo no tenia de donde agarrarme para evitar caerme.  La única alternativa fue bajarme poco a poco hasta sentarme en el piso de la ducha.  Así me bañé y cuando terminé grité para que mis amigas me ayudaran a levantar y poder salir.

Recientemente estuve en un viaje familiar y también rentamos un apartamento utilizando Airbnb.  Cuando llegamos la puerta de la entrada era tan fuerte para abrir que aún dos personas empujándola no podían abrirla.  Al entrar debíamos subir hasta un segundo piso donde ubicaba el apartamento.  ¿Se imaginan tener yo que subir cargando una maleta?  ¡Gracias a Dios que no estaba sola y que tenía ayuda para abrir la puerta y subir la maleta!  De no ser así, jamás lo hubiese logrado.

En definitiva, viajar puede ser muy divertido como también puede convertirse en todo un reto para las personas con algún impedimento.

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